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Testimonio de Emilio Murias

El azar quiso que , un día cualquiera, en un momento de tranquilidad y disfrute con los niños, saliera una conversación con un amigo. Hablando me dí cuenta rápidamente de que tenía un producto de valor: nada más y nada menos que la recuperación de la planta de café típica de La Palma.

La Isla de La Palma destaca por muchas cosas: por sus zonas verdes, por sus senderos, por su gastronomía, por su gente, por las plantaciones de plátanos… No podemos decir que La Palma destaque por su café. Pero sí que , hoy en día, puedo afirmar ¡y afirmo! que he estado en una plantación de café en La Palma y que se produce con métodos tradicionales (sin utilizar productos químicos a lo bestia ni nada por el estilo).

Tener café en La Palma me ha dejado maravillado. Por lo cabezón que ha sido el agricultor. Por tirar hacia adelante cuando todos le decían aquello de “tú estás loco”. Se trata de una persona valiente, que ha tenido que luchar contra las adversidades ya que no ha recibido ayuda de corporaciones. Lo ha llevado a cabo él solito. Bueno. Y algunas personas que, a título individual, le han ayudado en lo que buenamente han podido.

Vamos a tomar un café

Ahí comenzó todo. Y ahí siguió. Fuimos a tomar un café. Me gustó. Un café que no ha tenido plagas. Un café auténtico. Aroma de La Palma. Café de verdad. Sin cosas raras. Molido en un molino tradicional. Preparado en casa con una cafetera. Sin cafetería. Sin modernidades. Café natural preparado como siempre.

Claro. Lo pruebas y saboreas algo diferente. No sé si un gran café o un café normal. No soy un gran entendido de café. Pero sí un café de verdad. Como era hace tiempo. Habrá marcas. Habrá mezclas de café. Unos tostados. Unas natural. Otros mezcla en % diferente. Algunos de un país lejano. Cafés cultivados en altura… Hay café de muchos estilos. No soy un gran entendido. Pero desde mi humilde opinión me ha gustado mucho saborear un café cultivado en La Palma. Sin químicos. Natural.

¿Qué sentí? Una mezcla de orgullo de algo de nuestra tierra. Un momento agradable tomando un café con un amigo. Alegría al ver en su cara reflejado el sudor que le ha costado llegar hasta aquí. Pero también la desesperación de necesitar, por momentos, algún tipo de ayuda adicional. De verse sólo en el camino. Aún así sin quejas. Contento. ¿Porqué? Porque es algo que lleva en la sangre. Es la ilusión de algo que realizaba con su abuelo. Es lo que veía de pequeño. Y esa ilusión ha continuado con el paso de los años. Y siempre puede contar con ayuda, por pequeña que sea, de personas allegadas.

Cuando confió en mí para empezar a mover este proyecto en medios digitales supe que era un proyecto bonito. Diferente. Único. Me gustó. Y , no podía ser de otra manera, comencé a preparar información con ilusión.

Veo reflejado en este café el esfuerzo de quien lo cultiva. En el fondo nos parecemos en mucho. Una persona luchadora. Alguien que no se rinde aunque los demás piensen que esto no vale para nada. Una ilusión y gusto por lo que hace. Pasión por lo que se hace. Horas y horas de entrega a un trabajo que, visto desde fuera, parece muy fácil. Constancia. Eficacia.

Pero también veo a un padre de familia. Una persona que tiene su vida familiar y que combina sus momentos de trabajo con sus momentos de ocio. Una persona cercana. Un amigo.

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